Visitamos a Tenisca Ramos en su acogedora casita ubicada en el verde Sector Yerbabuena. Oriunda de Choroní, a principios de los noventa llegó a San Pedro de los Altos buscando el clima excelente y ampliar su labor educativa. Desde hace veinte años ha sido parte de la Fundación Centro Conservacionista San Pedro (FUNCESPE).
Tenisca maneja el vetiver en todo su proceso, desde la siembra hasta la comercialización de sus artesanías. De la mano de la artesana del vetiver Maria Isabel Gomes, siendo participante en los talleres ofrecidos a la comunidad, hace diez años aprendió diferentes técnicas, inicialmente con objetos ornamentales y elaborando progresivamente piezas de mayor exigencia.
Comenzó a cultivar vetiver en su parcela para
el sostenimiento de sus taludes cuando una amiga le regaló una macolla. Ella
separó las sepas y las sembró individualmente en bolsas plásticas
reutilizadas, esperó a que se fortalecieran y luego las trasplantó en su
terreno, haciéndoles la respectiva “camita” con tierra abonada y regándolas con
frecuencia hasta que se fijaron definitivamente al suelo. De esta manera ha
logrado reproducir la planta por todo su terreno. Para el mantenimiento del
cultivo, la profesora recomienda el corte en las puntas de las hojas para que se
fortalezcan y se ensanchen. Tanto la poda como la cosecha las hace en luna
menguante y el secado bajo el sol.
Una vez secas, separa las hojas gruesas de las
delgadas, hace manojos y guarda en lugar seco y aireado. Ésta será la materia prima lista para la elaboración
de artesanías. Al momento de iniciar una pieza, se hidratan las hojas y con la
ayuda de un pequeño paño se limpian y aplanan para definir mejor su forma de
cinta.
Tenisca no aplica ningún proceso químico de protección o preservación a la materia prima, sin embargo hace mención al azufre como posible fungicida. Además considera que la hoja de vetiver en su composición bioquímica contiene elementos que le brindan cierta impermeabilidad y por ende, protección natural contra el hongo. En su experiencia personal nos cuenta que tanto para su tapete del baño como los sombreros mojados con agua de mar, le ha bastado con ponerlos al sol para recuperarlos y volver a usarlos, manteniéndolos de buena manera por muchos años.
Su elaboración
de artesanía la ha orientado a las piezas utilitarias: sombreros, cestas y
tapetes. Usa la técnica del tejido de tiras que luego une a manera de espiral,
creando volúmenes con forma cuencos, platos o simplemente planos en el caso de
los tapetes o individuales. También ha experimentado la elaboración de hilos y
mecates. Valiéndose de su arsenal educativo viene brindando talleres de
elaboración de sombreros a grupos exclusivos de dos a cinco participantes.
Aunque la artesanía del vetiver no es
actualmente su actividad económica central y exclusiva, ha sido muy importante
por lo que ha representado como valor uso personal y de intercambio, desde el
trueke de las piezas por otros bienes y servicios en la comunidad, seguida de
los regalos personalizados a amistades y familiares en fechas festivas como
cumpleaños y navidad y por supuesto, la venta directa o indirecta a través de
las ferias artesanales. Nos contaba algunas anécdotas: “Curiosamente, ayer
intercambié dos sombreros por tres pollos”, “compré la lavadora con los ahorros
de la venta de artesanía”. Esto nos brinda una idea de lo significativo que
puede ser esta actividad para la economía familiar.
Al cultivar la materia prima, sólo se tiene que
invertir en hilo acerado y en algún otro
insumo que le brinde valor agregado a la pieza como por ejemplo las cintas de
colores de los sombreros. Las agujas son herramientas de muy bajo precio y se
adquieren sólo una vez. “Pudiese
representar una economía más formal, sobre todo con el boom de los
emprendedores que el Estado viene capacitando y abriendo los espacios de
comercialización, no he hecho ese ensayo pero sí lo tengo como objetivo.”
